Jubilaciones y Pensiones en Argentina

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Mauricio Macri, sobre la reforma previsional: “Nada raro va a salir de un día para otro”

Desde Mendoza, el Presidente aseguró que, de haber cambios, será después de un debate a “conciencia”

Por: Pablo Mannino

Para: Diario La Nación

En medio de la campaña electoral con miras a las PASO y de la preocupación ciudadana por posibles cambios oficiales en el sistema laboral y previsional en el país, el presidente Mauricio Macri descartó aplicar una reforma sin antes un debate a “conciencia” y con el “consenso” de todos los argentinos.

“Nada raro va a salir de un día para otro, ni de un cajón”, expresó el mandatario, en una entrevista con Canal 9 Televida de Mendoza. “La Ley de reparación histórica previó que una comisión de notables se sentara a estudiar de qué forma podemos mejorar el sistema pevisional. Esa discusión está en marcha y esperemos ver en qué punto están. Pero todo es dialogando sobre la mesa. Nada raro va a salir de un día para otro, va a ser fruto del consenso de toda la sociedad, como tiene que ser todo en este país”, aclaró el jefe del Ejecutivo nacional, quien hizo un repaso desde que asumió la Presidencia asegurando que 18 meses no alcanzan para concretar el “cambio” pero que la nación va en el camino correcto, en busca de mejoras para los argentinos.

“Todos queremos más trabajo y más oportunidades para todos. Tenemos que debatir todo para crecer más, para ser más felices. El mundo vive en constante competencia. Todos tenemos que ver qué hace falta reformar, esto es organizarse mejor, qué hacer para mejorar, pero siempre con el fruto del consenso de la mayoría de los argentinos”, agregó sobre la incertidumbre que gira en torno a la rediscusión de marcos laborales y de modificaciones al sistema de jubilaciones, en cuanto a la extensión en la edad jubilatoria, que podría subir entre 3 y 5 años.

Fecha: 01/08/2017

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Saber envejecer como país, tema clave

Las jubilaciones en la mira: qué se discute para la sostenibilidad

Por: Silvia Stang

Para: Diario La Nación

“Que levanten la mano los que están seguros de que van a jubilarse y ya saben cuánto van a cobrar.” El desafío, ante un auditorio de edad no avanzada, fue planteado por el director ejecutivo de la Anses, Emilio Basavilbaso, en un encuentro que se desarrolló para analizar uno de los temas más significativos para las próximas décadas: el del envejecimiento poblacional y sus efectos sobre el sistema previsional. Fue días atrás, en el marco de la iniciativa Argentina 2030, un espacio de diálogo sobre cuestiones de mediano y largo plazo.

Más allá de las percepciones, la necesidad de una reforma del sistema jubilatorio está formalmente planteada: la ley 27.260, de julio de 2016, estableció que en tres años un “consejo de sustentabilidad” debe elaborar un proyecto para un nuevo régimen, y definió media docena de rasgos básicos que deberán respetarse: el esquema debe ser “universal, integral, solidario, público, sustentable y de reparto”. Según el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, que cerró la jornada, ese grupo de trabajo hoy está definiendo los temas que se pondrán en debate.

El objetivo de la sustentabilidad para un régimen en el que se incrementarán las obligaciones a la vez que se reducirá la cantidad de trabajadores aportantes por cada jubilado, es uno de los principales desafíos del país, sobre todo si se tiene en cuenta que con más de 4 de cada 10 pesos del presupuesto nacional se pagan jubilaciones y pensiones a cargo de la Anses, y prestaciones no contributivas.

Según el informe Los años no vienen solos, elaborado en 2014 por el Banco Mundial, mientras que en los últimos años hubo seis personas en edad activa por cada adulto de 65 años o más, en 2050 habrá tres y en 2100, solamente dos.

La edad jubilatoria es una cuestión en danza, más allá de quienes lo consideran un tema casi tabú. Una recomendación de los expertos para una reforma “amigable” con la sociedad, es generar incentivos para que las personas trabajen más tiempo como fruto de una opción, y no de una imposición.

Pero hay otras varias cuestiones sobre las que se aconseja poner el foco desde ahora mismo, porque incidirán en cómo se llegue al momento en que la Argentina haya terminado de transitar su “bono demográfico”. Así se le llama a la etapa previa a la signada por los costos asociados al envejecimiento. Ese “bono” terminará hacia 2035, según advierte José María Fanelli, un economista estudioso de los fenómenos demográficos.

Incrementar la actividad económica con empleos de alta productividad es uno de los objetivos básicos para el desarrollo sostenible, un concepto que incluye que el país tenga la posibilidad de pagar bien las jubilaciones a los mayores que, no solamente serán un porcentaje cada vez mayor de la población, sino que vivirán más años.

El dato de la caída del número de personas activas por cada mayor, tiene una luz de alerta adicional: si se considera el universo de empleados dependientes y autónomos, casi la mitad de los trabajadores no tiene aportes. Y un desafío que se suma es el hecho de que los empleos del futuro no serán los mismos que los de hoy: “Los trabajos van a variar y hoy falta una correlación entre lo que formamos y lo que se demanda; necesitamos mayor pertinencia”, definió el economista Eduardo Levy Yeyati, a cargo de Argentina 2030.

¿Y la respuesta a aquella pregunta de Basavilbaso? Sólo una persona levantó su mano. El debate promete controversias, pero hay bastante consenso respecto de la necesidad de revisar la sostenibilidad de un sistema que hoy se financia, casi en partes iguales, con aportes y contribuciones y con parte de los impuestos generales (como IVA y Ganancias). Y que, si bien hoy incluye a la gran mayoría de los adultos mayores -por las moratorias y la reciente creación de una prestación universal-, tiene a la informalidad como una de las graves problemáticas por resolver.

Fecha: 27/06/2017

Volver al ruedo después del retiro: hay vida laboral más allá de la jubilación

Crece la expectativa de vida, la posibilidad de mantenerse en buen estado de salud y las ganas de salir de la pasividad

Por: Paula Urien

Para: Diario La Nación

Ramón se jubiló hace un año, pero algo no anda bien. No está conforme con eso de “no hacer nada”. Siente que tiene más tiempo para pensar en enfermedades y achaques que todavía no tiene o “bueno, quizás alguno, sí, pero nada grave”. Ve mucha televisión, aunque cuenta que “me tira un poco para abajo” y piensa por qué la sociedad lo trata como a un adulto mayor cuando se siente como un adulto cualquiera, y con algo de resentimiento piensa que hay personas que le dicen “abuelo” cuando ni los conoce. Se sabe útil y además, la jubilación tiene gusto a poco. Cree entonces que llegó la hora de volver a ponerse en marcha y buscar, nuevamente, un trabajo. “Ojalá sea en relación de dependencia”, piensa, pero si no lo consigue, “tendré que hacer algo por mi cuenta. Me quedan muchos años para seguir produciendo”.

La opción de seguir trabajando es cada vez más atractiva, sobre todo porque con una jubilación no alcanza para cubrir los gastos mensuales, o tener la misma calidad de vida que se disfrutaba mientras que había un ingreso fijo en la casa. Perder la jubilación no es una opción, pero sí lo es sumarle otro ingreso.

Desde la Anses

Esta semana, el titular de Anses, Emilio Basavilbaso , sorprendió con una declaración en Mesa Chica, en LN+, que deja ver que el tema de la edad de la jubilación está en agenda. Tras aclarar que “la edad de jubilación la tiene que decidir el Congreso”, dijo que “hay trabajadores que pueden seguir… más allá de los 65 años”. Jubilarse “debería ser voluntario para el que quiera seguir trabajando y esté bien físicamente. El retiro debería ser voluntario”.

Hasta ahora, no lo es. La empresa pide la baja del empleado una vez que cumple con la edad para jubilarse, pero tiene la opción de volver a tomarlo, en blanco como corresponde. Nace entonces un nuevo contrato, y una nueva antigüedad, que se da a partir del nuevo alta. Pero no siempre fue así. Hasta 1994, había una incompatibilidad relativa para jubilarse y trabajar. Si esto sucedía, le bajaban al trabajador su jubilación a la mínima. Por supuesto que funcionaba como un efecto desalentador por el miedo a perder el trabajo y quedarse con la mínima.

Más tarde, llegó la incompatibilidad plena, es decir directamente no se podía trabajar. Hasta que llegó una desafortunada frase del ex presidente: “Si (los jubilados) tienen tanta fuerza para protestar y mandar a policías al hospital, bien podrían tener fuerza para trabajar, y no lo hacen”. Así, llegó la posibilidad de trabajar después de la jubilación, cobrando la totalidad de los haberes.

El artículo 34 de la ley 24.241 es claro:

1. Los beneficiarios de prestaciones del Régimen Previsional Público podrán reingresar a la actividad remunerada tanto en relación de dependencia como en carácter de autónomos.

2. El reingresado tiene la obligación de efectuar los aportes que en cada caso correspondan, los que serán destinados al Fondo Nacional de Empleo.

3. Los nuevos aportes no darán derecho a reajustes o mejoras en las prestaciones originarias.

4. Los beneficiarios de prestaciones previsionales que hubieren accedido a tales beneficios amparados en los regímenes especiales para quienes presten servicios en tareas penosas, riesgosas o insalubres, determinantes de vejez o agotamiento prematuro, no podrán reingresar a la actividad ejerciendo algunas de las tareas que hubieran dado origen al beneficio previsional. Si así lo hicieren, se le suspenderán el pago de los haberes correspondientes al beneficio previsional otorgado.

5. El goce de la prestación del retiro por invalidez es incompatible con el desempeño de cualquier actividad en relación de dependencia.

Con respecto a que el nuevo contrato laboral se sume al anterior para computar antigüedad, hubo un fallo plenario en 2009, Couto de Cappa, que indicó lo contrario, porque “para acceder al beneficio jubilatorio, el trabajador debe cesar en toda actividad en relación de dependencia”.

Quienes quieren seguir trabajando y logran un empleo en relación de dependencia tienen la jubilación que les corresponde por los años de aportes, y también un sueldo, que deben volver a acordar con el empleador. El costo laboral, baja, pero no mucho. Entre el trabajador y el empleador hay un ahorro del 7,5% del sueldo en cuanto a costo laboral total. Sí se hace un descuento que va para el Fondo Nacional de Empleo, que es el seguro de desempleo.

Cada vez más mayores

La última información procesada del Indec, de 2012, establece que “según los datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010, la población de 60 años y más representa el 14,3% del total de población del país. “El proceso de envejecimiento poblacional continuará profundizándose”, dice la Encuesta Nacional sobre Calidad de Vida de Adultos Mayores.

Una de las características de esta población, según el Indec, es la feminización de sus componentes, a causa de los mayores niveles de mortalidad masculina. Para el año 2010, de un total de 4,1 millones de personas de 65 años y más, 2,4 millones corresponden a mujeres y 1,7 millones a varones.

Los años no vienen solos, un libro del Banco Mundial destaca que la población argentina está transitando un período de 30 años denominado “Ventana de Oportunidad Demográfica”, en la cual aumenta la proporción de la población en edad de trabajar, con mayor capacidad potencial de ahorro. Pero el informe dedicado al crecimiento demográfico en la Argentina muestra que la población adulta mayor de 65 años pasará del 10,4% actual, al 19,3% en 2050 y el 24,7% en 2100, “en un claro proceso de convergencia con los países de Europa. Así, mientras hoy hay seis personas en edad de trabajar por cada adulto mayor, en 2050 sólo habrá tres y en 2100 sólo dos”, dice el libro-informe.

“En este contexto, el gasto del sistema de pensiones pasará de representar el 9% del PBI al 11% en 2030 y 15,5% en 2050, lo cual implica un claro desafío para las generaciones futuras”, sostuvo Michele Gragnolati, Líder en Desarrollo Humano para Argentina del Banco Mundial. En treinta años el envejecimiento poblacional tendría un impacto significativo no sólo sobre el nivel de gasto público en Argentina, sino también sobre su capacidad para sostener el crecimiento económico. Pasará de representar el 9% del PBI al 11% en 2030 y 15,5% en 2050, lo cual implica un claro desafío para las generaciones futuras.

Trabajar más

Es en este contexto en el actual director de Anses incentiva a que el que quiera seguir trabajando es bueno que lo haga. Trabajar en buenas condiciones contribuye no solo con la sociedad sino con la buena salud mental.

Desde la entidad, confirmaron a La Nación que no hay un plan para elevar la edad de la jubilación, y que es el Congreso el que tiene que decidir modificar o no este sistema. A nivel mundial la controversia es grande. Por un lado, se trata de darle sustentabilidad al sistema previsional y una de las maneras de hacerlo es que haya menos personas que perciben haberes a través de esta caja. Por otro, tocar la edad de jubilación no es una opción. No todos están preparados o en condiciones de seguir trabajando. Francia dio marcha atrás con la extensión de la edad de jubilación de los 62 a los 60 años, por ejemplo. España, por su parte, la aumenta progresivamente, de los 65 hasta llegar a los 67 en 2027. Pero la polémica continúa, de hecho el ex presidente José María Aznar, en una entrevista publicada por el diario económico español Expansión, dijo que “si no hacemos nada se empobrecerán las pensiones, hay que jubilarse a los 70 años”.

El debate es feroz. En la Argentina “la ley de Reparación Histórica marca que dentro de los tres años de sancionada (fue el 29 de junio de 2016), se debe formar una comisión para estudiar el sistema previsional, para hacerlo sustentable a futuro”, dicen desde Anses. Si se plantea subir la edad para jubilarse seguramente habrá una nueva grieta.

Fecha: 17/06/2017

La edad para jubilarse: otra perspectiva

Por: Héctor Zajac

Para: Diario Clarín

El gobierno esgrime el envejecimiento poblacional como una causa de su intención de llevar la edad de retiro por encima de 65 años. Trabajadores que sufren mayores cargas sociales -y menores salarios- para sostener un sistema de reparto con una proporción creciente de pasivos, por la caída de la natalidad.

La crítica que alude al desempleo juvenil por el tapón que aquellos que se jubilaban, y ahora no, crearían en el mercado laboral, expresa una visión “malthusiana” por pensar la economía como un ámbito de plazas fijas y deriva en la legitimación de un discurso anti-inmigratorio que hace agua si se advierte que la única solución estructural a la falta de activos naturales es la inmigración. El mundo desarrollado debate hoy sobre los beneficios de pagar menos jubilaciones y redirigir recursos hacia desocupados fomentando generación de empleo juvenil, atendiendo al vínculo entre calidad de salud pública, ausentismo y productividad laboral por edades. Imposible extrapolar tal debate al mundo en desarrollo, con baja o inexistente contención social, y Estados que “barren bajo la alfombra” a los excluidos, las ventajas de una eventual incremento etario en el retiro, nada desdeñables en términos del ahorro generado que permitirían, por caso, incrementar obra pública, ocultan ominosas implicancias.

La esperanza de vida al nacer es la edad promedio a la que se espera que llegue una persona, y se construye en función de la mortalidad de un país para toda la pirámide al momento en que se realiza el cálculo. Argentina, con 76 años, está 7 años atrasada respecto a los países más avanzados de la UE, donde sus ciudadanos envejecen en buenas condiciones de salud física y mental. No es nuestro caso, dónde además, el promedio es menos representativo que en el viejo continente con provincias que apenas llegan a los 70 años y otras por encima de los 79, producto de la enorme desigualdad regional en el acceso a la salud y educación.

En este contexto, aumentar la edad de retiro de un modo geográficamente indiscriminado expresa no solo una mirada de país desde su metrópolis, un error en lo económico, sino un horror irreparable en lo humano por propugnar la creación de una nueva cohorte de NINIS ( no pueden trabajar, ni jubilarse), mucho más vulnerables, por edad y en una cultura que descuida a sus mayores. Tampoco es adecuado estimular la permanencia voluntaria asumiendo que la pobreza en el interior no solo genera una baja productividad laboral en edad tardía, sino que obligaría a quienes más merecen el descanso a subordinar deseo a necesidad. Finalmente, las diferencias en edades de jubilación según gremios, no son el resultado de consideraciones técnicas, objetivas y extemporáneas, sino de conquistas históricas de derechos de los trabajadores, las que celosamente preservan las naciones que aplicaron la medida con éxito.

Héctor Zajac es geógrafo (UBA)

Fecha: 16/08/2016