Jubilaciones y Pensiones en Argentina

Ideas para una reforma jubilatoria integral con foco en los sectores más débiles

Por: Daniel Marcú*

En este artículo se describen sintéticamente las ideas rectoras que nos pueden conducir gradualmente a un nuevo régimen jubilatorio, que no solo sea sustentable en el largo plazo, sino también ampliamente aceptado por la sociedad como el mejor posible, dadas las circunstancias propias de nuestro país.

Con estas ideas se intenta emprender un nuevo camino que termine con los “parches” habituales y brinde solución definitiva a los dos desafíos hoy más acuciantes: resolver la situación de pobreza de los jubilados más postergados y encontrar un mecanismo de movilidad que proteja el poder adquisitivo sin alterar el equilibrio fiscal.

Estas ideas se alinean con la tesis sostenida por el Gobierno de concentrar la mayor parte de los recursos previsionales en los haberes más bajos . Hoy, bajo el amparo de la ley “de solidaridad social”, ya lo está haciendo “desordenadamente” (se pagan dos bonos de hasta $ 5000 para haberes menores a $ 19.068) y luego, probablemente, habrá aumentos de suma fija, con consecuencias jurídicas desconocidas. El esquema aquí propuesto brinda el marco legal, técnico y actuarial para llevar adelante una reasignación de recursos que ya está sucediendo en los hechos.

Este esquema propone un cambio gradual de sistema y, en el mientras tanto, ir dando respuesta a las demandas inmediatas de la población con jubilaciones mínimas. En particular, se propone modificar radicalmente el criterio para establecer el haber mínimo y se aportan herramientas para modificar el actual mecanismo perverso de movilidad por otro más creíble, realista y libre de distorsiones temporales.

No es posible idear un nuevo régimen jubilatorio sin un diagnóstico claro de las causas que explican el deterioro y la falta de sustentabilidad financiera del sistema actual. En nuestra opinión, la principal causa es exógena al sistema previsional: el deficiente funcionamiento de nuestro mercado de trabajo que se manifiesta en la informalidad, el desempleo, el subempleo, la precariedad y las trayectorias laborales incompletas. Esta problemática afecta al 75% de la población en edad de jubilarse.

Para que esta propuesta sea exitosa es necesario que nuestro país retome la senda del crecimiento económico y mejore el funcionamiento del mercado de trabajo.

Adicionalmente, el nuevo esquema debe cumplir con el marco de referencia que establece el artículo 12 de la Ley 27.260 (es decir, debe ser “universal, integral, solidario, público, sustentable y de reparto”) y también con otras restricciones jurídicas, económicas y sociales (respeto de los derechos adquiridos, carga contributiva razonable, etcétera).

A continuación, una enumeración de los puntos claves de la propuesta para una reforma previsional.

  • Modificar el sistema previsional es un proceso que va a demandar varios años; por ello se describe un Modelo Previsional Futuro al que se desea llegar en un plazo tentativo de 5 a 10 años y un Modelo Transicional, que traza el camino para alcanzar progresivamente el objetivo deseado.
  • El Modelo Previsional Futuro consistiría en un régimen de reparto solidario integrado por dos componentes: un pilar básico y un pilar suplementario
  • El pilar básico, que funcionaría a modo de jubilación mínima, garantizaría un haber uniforme equivalente al costo de una canasta de consumo específica para adultos mayores (confeccionada por expertos y calculada mensualmente por el Indec). Se estima que esta canasta, que incluiría múltiples rubros (vivienda, alimentos, medicamentos, vestimenta, servicios, etcétera), orillaría hoy los $30.000/35.000, valor que podría adecuarse a las distintas regiones de nuestro país.
  • El valor se reajustará cada vez que la canasta se encarezca en un cierto porcentaje (3/5%).Se va generando así un “Índice de Precios para Adultos Mayores” que reemplazaría los deficientes mecanismos de movilidad aplicados hasta ahora. Así, se lograría que la respuesta a la pérdida de poder adquisitivo sea casi inmediata (con una distancia de un mes, a diferencia de los 6 meses actuales).
  • El pilar suplementario sería un haber adicional al básico, solo para quienes tengan el derecho a un “plus”, cuya cuantía para cada beneficiario surgiría -de manera similar al modelo aplicado en Suecia- de una fórmula muy sencilla, sustentada actuarialmente en su historia contributiva y su expectativa de vida.
  • La historia contributiva de cada aportante al nuevo régimen incluiría sus aportes personales y otros conceptos novedosos, que apuntarían a combatir la informalidad en las relaciones de consumo y en el ámbito laboral.
  • El Modelo Transicional buscaría, a lo largo de un plazo tentativo de 5 a 10 años, cerrar progresivamente la brecha entre la actual jubilación mínima y el haber que correspondería a la canasta de consumo específica.
  • Cerrar esta brecha significaría, tomando por ejemplo un plazo de 10 años, que el haber mínimo mensual actual se estaría recomponiendo -además de hacerlo por la movilidad vinculada con la inflación- a razón de unos $1600/$2000 por año.
  • Para los jubilados actuales de más de 80 años de edad podría acelerarse el proceso para que alcancen en menos tiempo (2 o 3 años) el 100% del haber del pilar básico.
  • Los jubilados actuales que perciben haberes que superan el costo de la canasta de consumo no verían vulnerados sus derechos adquiridos, aunque para el excedente de ese monto podría aplicarse un mecanismo de movilidad diferente (por ejemplo, basado en el incremento de la recaudación previsional, neto de la detracción previa para reconocer el ajuste al haber mínimo).
  • Los activos a los que les falten más de 10 años para jubilarse entrarían directamente al nuevo sistema. Y aquellos a los que les falten menos de 10 años podrían optar entre el régimen actual o el nuevo.
  • Seguiría existiendo una edad mínima para acceder al haber del pilar básico (hoy, 65 años los hombres y 60 las mujeres). Pero el haber del pilar suplementario iría en función directa de la edad que elija el afiliado para jubilarse (hasta los 70 años). Así, el monto de este suplemento crecería exponencialmente cuanto más tarde se acceda.

Sustentabilidad fiscal

La sustentabilidad fiscal del nuevo sistema es crítica para garantizar la credibilidad interna y externa (del FMI y de otros acreedores).

Medir los impactos fiscales a largo plazo del régimen propuesto es una tarea de extrema complejidad, pero en función del salario promedio de la economía, las alícuotas existentes de aportes y contribuciones, los ingresos tributarios derivados al régimen previsional (incluyendo el 70% del nuevo impuesto a los billetes y a divisas extranjeras) y la relación actual entre aportantes y beneficiarios, es posible ir incrementando gradualmente el haber mínimo actual, para llegar a valores que lo duplican y aun más. Si a esto le agregamos alguna normalización en el mercado laboral y un mecanismo dual de movilidad (variación de precios de la canasta de jubilados para la mínima y variación neta de la recaudación para los excedentes), nos acercamos a un modelo global que cerraría financieramente.

El diseño “fino” del nuevo régimen requiere de numerosas definiciones: condiciones para acceder al haber derivado de la canasta, edades mínimas de jubilación, plazo de la transición, mecanismos que amplíen la base de contribuyentes, cambios en el régimen de autónomos y monotributistas, etcétera, etcétera.

Un régimen previsional que busca brindar un haber digno a todos los jubilados no solamente es un gran aporte a la paz social, sino también un gran alivio económico para muchas familias que hoy ayudan como pueden a sus padres. Adicionalmente, estos mayores haberes se destinarán casi íntegramente al consumo, con sus consecuentes efectos reactivadores y en la recaudación impositiva.

El autor es actuario, economista y experto en temas previsionales

Fecha: 02/01/2020

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