Jubilaciones y Pensiones en Argentina

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Tener ahorros para la vejez, un desafío para personas y países

Varias naciones sostienen planes de retiro individual; en la Argentina podrían ser voluntarios y completar el ingreso de un sistema público; rescatar la confianza es clave

Por: David Feliba

Para: Diario La Nación

“Mi consejo es que hay que hacerse rico antes de hacerse viejo”, dice con humor pero sin bromear José Fanelli, especialista del Conicet en temas poblacionales. Explica que la fórmula que echa sombra sobre los mecanismos jubilatorios es simple: una tasa global de natalidad en caída y una expectativa de vida en ascenso. Algunos estudios arrojan indicios. Según la ONU, el 34% de la población europea tendrá más de 60 años en 2050, mientras que en Asia y América latina ese índice se acercará al 25%. En 2015, el promedio global estaba en 12,5%. Y los expertos concuerdan en que ni la Argentina ni la región -ni prácticamente ningún país- estarán al margen de una tendencia general al envejecimiento.

El nuevo esquema demográfico impregna de estrés los distintos sistemas previsionales del mundo. Algunos países profundizaron un mercado de planes de retiro, en los que los ahorros de la persona se acumulan desde edad temprana para complementar luego los aportes hechos a un régimen público. En la Argentina aún queda el mal sabor tras la experiencia con las AFJP. Como con todo en el país, o al menos todo lo relativo al ahorro, resultará providencial recomponer la confianza. A su vez, está claro que, como el Estado gasta cuatro de cada diez pesos en prestaciones previsionales, la discusión no se limita a la esfera privada.

Estas observaciones se dieron en el marco de la Conferencia Latinoamericana de Retiro 2017, que organizaron la Asociación de Aseguradores de Vida y Retiro de Argentina (Avira) y Limra (entidad internacional). De cara a una revisión integral aún latente del sistema argentino que se prevé para antes de 2019 (según el compromiso incluido en una ley de 2016), ¿qué puede tomarse de las experiencias regionales?

Uno de los aspectos para el análisis es la posibilidad de instaurar sistemas voluntarios de ahorro para complementar lo que pague el régimen público. La producción de seguros de retiro es magra en el país: apenas el 1,5% del total de primas emitidas por la actividad aseguradora. Casi la totalidad se explica por planes colectivos. “Sirve como complemento de la jubilación pero no tiene incentivos fiscales y se usa más como un beneficio de las empresas para un segmento de sus empleados que como herramienta individual. No hay contribuciones voluntarias”, explica Fabián Hilsenrat, vicepresidente de Avira.

Según Hernán Raffo, socio de PwC Argentina, para capturar el ahorro de las rentas medias, la industria deberá diseñar algo de muy bajo costo y con fuerte transparencia. La clave, explica, estará tanto en la moneda en la que se nomine como en la portabilidad. “El poder mover el ahorro de una institución a otra hará que las compañías puedan competir por rentabilidad”, argumenta.

“En Brasil, los fondos tienen portabilidad”, explica Andrea Levy, asesor en Mongeral Aegon. “Cada dos meses uno tiene el derecho a cambiar si no está satisfecho o si decidiera modificar su perfil de riesgo. Se puede ir a otro banco, fondo o aseguradora”, agrega.

En su presentación, uno de los ejes que llamó la atención fue el incentivo fiscal: para mantener el ahorro dentro del sistema, el trabajador se beneficia con una reducción del 35 al 10% en el impuesto a pagar al final, siempre y cuando no rescate el capital con antelación.

Explica que es principalmente un negocio de cuentas individuales, adquiridas a través del canal bancario. Allí, los fondos de pensión administran activos por cerca de 800.000 millones de reales. “Es el bloque de negocios más importante en términos financieros”, describe Levy. En los últimos años, parte del capital de los trabajadores financió la inversión brasileña en infraestructura.

Cuestión de edad

Pero la realidad llama a las puertas de Brasil, donde la edad promedio de retiro es de 53,2 años y se avecina una dura batalla por una reforma estructural (que ahora se verá cómo se resuelve tras el escándalo que involucró al presidente Michel Temer). Levy describe: “Brasil está envejeciendo, y mucho más rápido que el resto del mundo. Antes éramos un país joven y había mucha gente que pagaba. Eso cambió por tres cosas: soluciones mágicas que estiran la expectativa de vida, mujeres que trabajan cada vez más (y, por ende, una fertilidad que no estará allí para financiar el sistema), y una población que envejece. Debemos pensar en esto, la base se angosta cada año?”.

“Hay que planificar estas vidas más largas, ¿no?”, dice Alison Salka, vicepresidenta de Limra. “Cuando uno se retira en EE.UU., se espera que viva entre 18 y 21 años más”, dice. Da otros datos: habrá en 2050 unos 3,7 millones de centenarios en el mundo. Hoy hay unos 500.000. Japón, el país más envejecido, es un caso emblemático: tendrá para ese entonces una edad mediana de 53,3 años. Ya en el presente, grafica, el mercado de pañales para adultos supera al de pañales para bebes.

Según datos de Limra, en EE.UU. dos de cada tres empleados acceden a un plan de retiro en el trabajo, que complementa una tasa de reemplazo de la seguridad social (ingreso pasivo sobre ingreso activo) de entre 20 y 55%. “¿El factor más importante? La suscripción automática del empleado a partir de una deducción de su salario”, dice Salka.

En el modelo chileno mandan las cifras. Carlos Gómez, miembro director del Centro Internacional de Reformas de Pensiones, llama a la previsional como la “madre de todas las reformas”. Afirma que los sistemas están “quebrados en todo el mundo” y promueve la creación de un mecanismo de cuentas individuales de ahorro para el retiro.

Explica que desde que se introdujo ese sistema hace décadas (hoy 30 países lo tienen), cayó drásticamente la pobreza, el desempleo y aumentó el ingreso per cápita. “Chile tiene hoy 10 millones de trabajadores capitalistas que formaron capital privado por US$ 200.000 millones o 80% de PBI. Es un sistema que recupera el eslabón perdido entre esfuerzo y recompensa”, dice. Todo trabajador chileno tiene una cuenta obligatoria de ahorro, a la que va el 10% del salario. El retorno real promedio de los últimos 36 años, dice, por la inversión de esos fondos que hacen las AFP, fue de 8,3% anual.

Fecha: 24/05/2017

“Hoy se vive más y habrá que trabajar más años, aunque nadie quiera oírlo”

Julio Portalatin: El CEO global de Mercer dice que los sistemas previsionales tienen una gran crisis potencial y cree que una mayor inclusión laboral de las mujeres aliviaría la situación

Por: Silvia Stang

Para: Diario La Nación

Hay cosas que nadie quiere oír, pero de las que hay que hablar. Julio Portalatin ubica en esa categoría la necesidad de los países de revisar a qué edad se jubilan los trabajadores. El presidente y CEO global de Mercer enfatiza en que los conflictos que ese debate pueden generar no deberían hacer pasar por alto la advertencia: si no se hacen cambios en los sistemas previsionales, no habrá escapatoria para una enorme crisis, porque los recursos serán escasos para compromisos de pago cada vez más elevados. Mercer se especializa en consultoría a empresas en temas de salud, pensiones y beneficios para empleados.

De visita en Buenos Aires, el directivo dialogó con LA NACION y dijo ver una oportunidad, para aliviar aquel riesgo, en la inclusión de más mujeres en el mercado laboral. “Si ellas participan en el mercado de trabajo en igual medida que los hombres, eso ayudará”, porque -según afirma- hay estudios que demuestran que eso aportaría a un mayor crecimiento de las economías.

Ese potencial se enfrenta a un riesgo: según el directivo, los avances de la inteligencia artificial pueden afectar a los empleos de las mujeres 10 veces más que a las tareas realizadas típicamente por varones. El objetivo a lograr: que ellas ocupen más posiciones en espacios en los que hoy están poco representadas. La diversidad en las empresas -que se traduce en el armado de equipos estratégicos “con personas de diferentes edades, nacionalidades, grupos étnicos y géneros”- ayuda a las firmas a crecer. “Y hay que dejar atrás lo que llamamos prejuicios inconscientes, que todo el mundo los tiene”, afirma.

-El debate sobre la edad jubilatoria es fuente de conflicto en todas partes, ¿cuál cree que es la manera adecuada de encarar el tema?

-El mundo entero tiene una crisis potencial bastante grande en los sistemas jubilatorios. Nosotros hacemos un reporte cada año sobre distintos países, que analiza si va a haber ahorro suficiente, ya sea del gobierno o de los privados, para que cuando las personas se retiren puedan vivir como antes, no mejor ni peor, sino igual. Hoy el mundo se está poniendo más viejito y no digo que eso sea malo, pero sí que es un potencial problema si no se planifica bien. Los sistemas de seguridad social se hicieron cuando las personas vivían menos y muchos no se adaptaron al crecimiento de edad promedio. La responsabilidad de planificar es de triple play, porque ni el gobierno ni las empresas ni los individuos pueden solos. En el reporte anual elaboramos un índice que mide la sustentabilidad, la adecuación y la integralidad de los sistemas, y lamentablemente la Argentina no sale muy bien. Hay muchas cosas por hacer pero nada es fácil y nada va a ser popular para todo el mundo. Si se vive más años, la consecuencia es que la gente va a trabajar más años y va a esperar más, pero nadie quiere oírlo.

-¿Es inevitable obligar a trabajar más años o hay formas más flexibles de lograr el resultado necesario para las cuentas fiscales?

-Los sistemas no pueden sostenerse con la mayor expectativa de vida. En el mundo el déficit de pensiones es de 40 trillones de dólares y, sin cambios, en 2050 será de 400 trillones. No es popular, pero es necesario.

-De los países mejor posicionados por la sostenibilidad de sus sistemas, ¿qué rescataría?

-Son modelos en los que participan el Estado, las empresas y los ciudadanos. Hay contribuciones que se mueven según cuánto se va a necesitar. Y hay esquemas en que las personas ahorran un porcentaje de su ingreso e igual porcentaje pone la empresa. Y eso con beneficios impositivos.

-Los esquemas de ahorro o de planes de retiro con acuerdos de aportes del empleado y la empresa parecen más viables para sueldos altos. ¿Pueden extenderse?

-La motivación para los que tienen menores sueldos es mayor, porque si la persona pone 12, la empresa pone 12. Eso se analiza con cada aumento de sueldo y, entonces, la persona evalúa que estaba ya viviendo sin esa diferencia. Hacen falta herramientas y educación para este tipo de planes.

-En nuestro país hubo y hay alta inflación, por lo que los aumentos de salarios son compensaciones. ¿Se puede pensar en esos planes cuando hay inflación?

-Siempre hay momentos en los países en los que los porcentaje de ahorro bajan. Pero siempre habrá tiempos de repunte. Si no se ahorra, habrá un problema más grave después.

-Aquí hubo idas y venidas con las reformas al sistema. Más allá de la opinión sobre cuál es el adecuado, ¿cómo afectan esas decisiones políticas a la credibilidad para un sistema de retiros?

-Eso pasa, pero el problema no cambia y hay que resolverlo. ¿Es más difícil si no hay confianza? Sí, pero las empresas tienen entonces una responsabilidad mayor. Hoy pasa en varios países con la situación política. Estados Unidos tiene un desafío especial y sólo puedo decir que muchos empleados buscan un liderazgo diferente de sus compañías. Es una oportunidad para revalorizar la integridad, la inclusividad, la diversidad y el respeto.

Fecha: 12/02/2017

La edad para jubilarse: otra perspectiva

Por: Héctor Zajac

Para: Diario Clarín

El gobierno esgrime el envejecimiento poblacional como una causa de su intención de llevar la edad de retiro por encima de 65 años. Trabajadores que sufren mayores cargas sociales -y menores salarios- para sostener un sistema de reparto con una proporción creciente de pasivos, por la caída de la natalidad.

La crítica que alude al desempleo juvenil por el tapón que aquellos que se jubilaban, y ahora no, crearían en el mercado laboral, expresa una visión “malthusiana” por pensar la economía como un ámbito de plazas fijas y deriva en la legitimación de un discurso anti-inmigratorio que hace agua si se advierte que la única solución estructural a la falta de activos naturales es la inmigración. El mundo desarrollado debate hoy sobre los beneficios de pagar menos jubilaciones y redirigir recursos hacia desocupados fomentando generación de empleo juvenil, atendiendo al vínculo entre calidad de salud pública, ausentismo y productividad laboral por edades. Imposible extrapolar tal debate al mundo en desarrollo, con baja o inexistente contención social, y Estados que “barren bajo la alfombra” a los excluidos, las ventajas de una eventual incremento etario en el retiro, nada desdeñables en términos del ahorro generado que permitirían, por caso, incrementar obra pública, ocultan ominosas implicancias.

La esperanza de vida al nacer es la edad promedio a la que se espera que llegue una persona, y se construye en función de la mortalidad de un país para toda la pirámide al momento en que se realiza el cálculo. Argentina, con 76 años, está 7 años atrasada respecto a los países más avanzados de la UE, donde sus ciudadanos envejecen en buenas condiciones de salud física y mental. No es nuestro caso, dónde además, el promedio es menos representativo que en el viejo continente con provincias que apenas llegan a los 70 años y otras por encima de los 79, producto de la enorme desigualdad regional en el acceso a la salud y educación.

En este contexto, aumentar la edad de retiro de un modo geográficamente indiscriminado expresa no solo una mirada de país desde su metrópolis, un error en lo económico, sino un horror irreparable en lo humano por propugnar la creación de una nueva cohorte de NINIS ( no pueden trabajar, ni jubilarse), mucho más vulnerables, por edad y en una cultura que descuida a sus mayores. Tampoco es adecuado estimular la permanencia voluntaria asumiendo que la pobreza en el interior no solo genera una baja productividad laboral en edad tardía, sino que obligaría a quienes más merecen el descanso a subordinar deseo a necesidad. Finalmente, las diferencias en edades de jubilación según gremios, no son el resultado de consideraciones técnicas, objetivas y extemporáneas, sino de conquistas históricas de derechos de los trabajadores, las que celosamente preservan las naciones que aplicaron la medida con éxito.

Héctor Zajac es geógrafo (UBA)

Fecha: 16/08/2016